La palabra transgénico esta derivada del hecho de que se modifica o altera el orden genético básico es decir, ha sido creada artificialmente manipulando sus genes. Una alteración transgénica o transgesión puede darse a cualquier organismo vivo ya sea virus, bacteria, vegetal, animal e incluso humano. Estas técnicas de ingeniería genética consisten en aislar segmentos del ADN (el material genético) de un ser vivo para introducirlos en el material hereditario de otro. Es decir genes de otro ser vivo incluidas en la cadena de ADN de nuestros alimentos
¿hacen daño los transgènicos a nuestro organismo? Pues claro!!! Estas cadenas de ADN modificadas que nosotros consumimos nuestro cuerpo no puede procesarlas ni desecharlas y se quedan de por vida dentro de nuestro organismo generando enfermedades que van desde alergias, enfermedades cardio-vasculares hasta tumores malignos. La creciente ingesta de alimentos transgénicos altera las defensas naturales del organismo humano contra padecimientos infecciosos y degenerativos, por ende, aumentan las enfermedades severas principalmente en el hígado, el páncreas y las glándulas. Todo esto ha sido silenciado por las grandes transnacionales al público, en especial en los países en vías de desarrollo sin legislación al respecto, como es el nuestro.
Todo esto tiene un trasfondo económico para las grandes empresas cuyas ganancias siguen creciendo sin importarles nuestra salud ni los efectos negativos que producen a largo plazo. Esta tecnología reduce la biodiversidad, destruye los microorganismos en el suelo y puede provocar resistencia a antibióticos en el ser humano y en la fauna.
No conformes, los agroquímicos han desarrollado la tecnología “terminator” con la que se destruye el material reproductivo de las semillas transgénicas y las convierte en estériles, lo que les garantiza una venta anual de semillas manipuladas. A así estas empresas se vuelven multimillonarias a costillas de nuestra salud.